Pimpirulo también está aquí

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lunes, 21 de octubre de 2013

El amor en tiempos de Tuiter.

Las redes sociales y la modernidad han traído a nuestras vidas una serie de clichés y estereotipos que antes no podríamos imaginar. Uno de ellos dicta que "A mayor contenido de erotismo en el tuit, mayor es la cantidad de grasa albergada en las caderas y estómago de la mujer que lo redacta", este fenómeno de la red es llamado "Sextuitera". No defiendo ni descarto que así sea, ya que como antes mencioné, es un juicio superficial a partir de experiencias particulares, como la que les cuento a continuación.

Fernando era un tuitero como muchos: Aspiraba con firmeza tener miles de seguidores en dicha red social, tener una cuenta PRO en Favstar.Fm y crear tendencias y contenidos que despertaran la admiración de los que lo leyeran. Así también, como el 99% de los que aspiran esto, estaba batallando por llegar a poseer el millar de seguidores.

No todo era malo en su vida; muchas tuiteras a las que seguía llegaban a tener un dejo de coquetería con su personaje, este llegaba a ser mutuo pero no pasaba de ser una somera ilusión en la pantalla, mensajes que llegaban al punto de amenazar con un encuentro, un ligero desliz incluso, una experiencia de vida que pudiera hacerlo sonreír y presumir ante sus amigos, cazadores llenos de testosterona que premiaban socialmente la cantidad de presas femeninas que cada uno pudiera llevar a la cama.

Cierto día, una de ellas mostró algo más que disposición a un encuentro, con el claro objeto de llevar a cabo más que una cita normal de cine o café, la insinuación rayaba en algo íntimo. El ciclo normal de conquista en la redes sociales (Según expertos sociólogos alemanes, investigadores de la Universidad de Columbia y el último libro de Yordi Rosado) tiene diversas fases: Recomendación-Follow-Followback-Favorito-Retuit-Mención-DM-WhatsApp-Llamada telefónica-Encuentro-Decepción Primaria-Unfollow y Block. Esto se cumple en el 95% de los casos. El fenómeno de "Decepción Primaria" se basa en "El disgusto o desencanto de una o ambas partes en el momento de conocerse dadas las vagas descripciones y la falsedad en las características de cada uno"; es decir, el 1.80 centímetros de estatura comúnmente no se acompaña de los 120 kilogramos de peso, la tez morena varía y suele ser más prieta de lo esperado, la famosa complexión "No soy ni flaco ni gordo, regular" suele ser decepcionante a primera vista.

El ciclo de conquista surtió efecto para Fernando; la cita esperada se dio en una estación cercana al metro de su casa, más de una vez giró la cabeza e intentó un esbozo de sonrisa a guapas mujeres que pasaban a su lado, obteniendo la respuesta común en su persona: Lo ignoraban. Diez minutos después de lo acordado, una mano morena de dedos regordetes tomó su brazo con suavidad y escuchó su nombre tras una sonrisa enmarcada en unas mejillas abultadas, dignas de la envidia de Carlos Villagrán, "Quico", en pleno 1979.

Daniela, la chica a la que iba a ver, estaba lejos de ser ese par de senos firmes y morenos que él podía contemplar en las fotos que ella subía desde su cuenta, no rebasaba el metro con 60 centímetros y su indice de masa corporal tenía una intensa lucha entre los índices de sobrepeso y obesidad. "Hola, que gusto conocerte, eres tal como imaginé", atinó a decir ella mientras el cuerpo de Fernando sufría una escalofrío intenso y en su cabeza rebotaba una frase que le hacía perder la noción de la realidad: "Hija de su puta madre, está bien marrana la culera". Tomó aire por un momento, detrás de ese cuerpo moreno y delgado, había un mínimo gesto de caballerosidad, "Ni pedos, me la voy a tener que coger, ya tengo todo listo", se dijo mientras le daba un beso en la mejilla y sonreía con tal falsedad que Jorge Kahwagi le hubiera firmado tres peleas de campeonato mundial en peso "Crucero".

"Vamos a ver películas a mi casa, compramos algo y ahí podemos platicar a gusto", dijo Fernando ante la plena complacencia de Daniela, caminaron algunas cuadras hacia el departamento de Fernando. Compró algunas cosas con la plena intención de darle gusto a su reciente conquista: Palomitas con extra mantequilla, Chocolates, una bolsa grande de Sabritones y mucho refresco de Cola. Una cosa llevó a la otra, comúnmente, el alcohol sirve para tener sexo con mujeres atractivas, para el caso de las gordas, los Sabritones son su equivalente y estimulante. Después de media hora de ver una película cualquiera y platicar ligeramente, ella tomó la iniciativa y dio un beso apasionado a Fernando al tiempo de aplastar sus piernas con su robusta anatomía.

El hombre tiene un cuerpo caprichoso: El pene de Fernando se declaraba listo para entrar a la batalla, su nariz, ojos y mente no. "Le huele bien culero la boca, puta madr... ¡No mames!, tiene una pinche franja negra en el cuello, verg... ¿Esa celulitis es normal?, no chingues, no chingues, tiene bien sudada la entrepierna, verga, ya no me la quiero coger" esas frases pasaban en su mente a la velocidad de un metrobús en hora pico, Daniela demostraba con creces el dicho aquél que reza: "Sí quieres que se mueva, haga lo que quieras y se la pase grita y grita, la solución es una gordita". Se movía más que indocumentado queriendo subir a "La Bestia" a plena luz del día, gemía con una naturalidad excesiva, en verdad disfrutaba el roce de su cuerpo con el de su nuevo amigo. De nuevo, el capricho masculino, la eyaculación de Fernando tardó mucho en llegar, resultado del shock y la falta de un estímulo real en su mente, ella lo abrazó con tibieza al terminar el acto, el veía fijamente un hueco en el techo que empezaba a albergar humedad, imperaba el frío entre ambos; ella, como buena traductora de emociones acudió al baño, se vistió con decoro y dijo al bulto aquél que tenía menos vida que burócrata de Hacienda en vacaciones decembrinas: "Nos volveremos a ver, ¿cierto?".

Él sonrió, acertó con la cabeza al tiempo de susurrar "Claro, yo te mando un WhatsApp". Ella procedió a salir, el caballero dentro de Fernando ya no estaba disponible y ni siquiera la acompañó a la puerta, ella salió con la certeza de que nunca volvería a pisar dicho departamento y nuevamente su frágil y desierto corazón sucumbiría ante su ritmo de alimentación. Pasó mucho tiempo para que Fernando reaccionara, esto no era digno de presunción; ¿a quién podría contarle lo que había pasado sin que reaccionara con una sonora carcajada?, a veces hasta un buen cazador tiene que negar las balas que salen de su escopeta.

El amor en tiempos de Tuiter difícilmente puede llegar a ser sincero, y así será mientras sigamos aferrados a que una imagen virtual puede llegar a cubrir nuestra fría realidad.

2 comentarios:

  1. Bravo maestro! No se, te ano.

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  2. Bravo! Bravísimo!!!
    Y yo que ya me había preocupado por no saber nada de Usted. iba a mandar su avatar a los de alerta Amber!

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