Pimpirulo también está aquí

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jueves, 20 de diciembre de 2012

Jenni y el fin del mundo.

Mi fría personalidad adquirida con los años, en mi arduo caminar, me ha enseñado que no todo lo que brilla es oro. El Maestro Limpio también es cabrón para remover el sarro y dejar las cosas rechinando de limpias. Pero mis éxitos laborales como conserje no son el tema. Lo de hoy es un drama apocalíptico singular.

El ser humano está condenado a una serie de pérdidas irremediables en el desarrollo de su ciclo fisiológico: La elasticidad de su piel, la virginidad, la capacidad de morderte las uñas de los pies, los tazos de Sabritas que tanto puto dinero nos hicieron gastar, las caricias de los tíos abusadores y la sorprendente capacidad de tu mamá para encontrar en dónde la estás cagando en todo momento. Casi todo es superable, excepto la partida de un ser querido. O idolatrado.

El 2012 estuvo marcado por todas esas cosas que decían los Mayas sobre el fin, personalmente busqué una opción segura y de toda mi confianza que me dijera si esto era verdad, pero Walter Mercado y sus asesores místicos con cargo a mi recibo Telmex me tranquilizaron, era pura mamada, o parecía hasta ese trágico domingo.

Desperté como cada domingo con la ilusión de que el señor Aguilera me tomara la llamada y poder ser un amiguito de provincia, sin éxito al igual que en los 25 años anteriores. Procedí a desayunar, mi madre se luce los domingos con ese panqué con pasas que misteriosamente sabe a manufactura de Bimbo y mis pizzas precongeladas Fud que me dan energía y una sonrisa en esos soleados días. Todo cambió en un segundo doloroso que encendí la televisión; había algo doloroso, inquietante, que me hizo comerme las uñas en minutos (sólo después que terminé de desayunar porque mi mamá se encabrona que coma algo antes de las comidas) y horrorizó todo mi ser: Ella, la Diva, la compañera inseparable de todas mis decepciones, se había extraviado con todo y su avioneta particular. No lo concebía de inicio, dos cosas tan grandes en tamaño y peso no desaparecen porque sí de un momento a otro, pensé lo peor, se me vinieron a la mente tantas canciones de Espinoza Paz que ella pudo haber interpretado y que jamás podría escuchar, sus conciertos clausurados, los videos porno con fans de ocasión que ya no filmaría, todo lo que no podía ser ya.

Tenía la vista perdida, me temblaban las piernas, sería un largo domingo esperando que la encontraran bien, con vida; venían a mí mente probables soluciones: Que el avión hubiera aterrizado en una zona inhóspita llena de cerdos salvajes que la proclamaban como su mesías femenina esperada por muchas generaciones, que en verdad todo fuera una broma de pésimo gusto mientras anunciaban una nueva temporada de algún reality para perder peso, ¡ALGO!

El "teacher" López-Dóriga terminó mis pocas ilusiones: Lo confirmó en cadena nacional, rompí en llanto en ese momento, sacando ese grito que llevaba ahogado desde la mañana, ese grito que antecedía un hueco en mi corazón, en el medio artístico, las rockolas de las cantinas de pueblo y los puestos de discos piratas.  Jenny, nuestra más grande exponente de la música para gordas dolidas, feas abandonadas, insatisfechas sexuales, pasivas de clóset temerosas de confesarle la verdad a sus padres y promotoras del orgullo femenino desde nuestras trincheras, cocinas o lavaderos, partía a otra vida, a sonorizar otros mundos, a llevar su alegría y contagiar su optimismo a otros públicos, sólo nos quedaban sus canciones, sus participaciones en "La Voz México" y su luz en todas aquellas mujeres y jotitos que lloraron con sus interpretaciones. No trabajé al día siguiente, mi cuerpo intentaba moverse, era mi alma la que estaba en otro lugar, no había mucho qué hacer sin ella y su ejemplo. 

Al final, después de haber pagado $1,800.00 en mi recibo Telmex a los psíquicos de Walter y a mis falsas esperanzas de que todo era una mentira, los mayas no se equivocaron excepto por unos días, mi mundo, sin Jenni, se terminó el 9.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Bárbara.

Normalmente la venta de los esquites me produce un sopor irremediable que hace que no tenga vida social por las noches y pueda sostener con un poco de decoro una cuenta tuitera. Pero toda situación tiene una excepción: una noche, mientras veía la telenovela con mi adorado Fernando Colunga pensé que tenía que salir al mundo, observar algo más que su sonrisa que ilumina mi cuarto de Infonavit todas las noches entre semana.

Me vestí dispuesto a salir tremendamente guapo, no fue difícil: Saqué lo mejor de mi repertorio, el gel Moco de Gorila, el pantalón nuevo que me compró mi mamá hace un año en la feria del pueblo, una camisa divina que conseguí en Milano y unas botas imitación avestruz que tenía guardadas. Me vi al espejo, hubiera podido comerme a besos en ese momento a pesar de mi obesidad y el barro culero que tenía en la nariz. Las combis, extrañamente, estaban algo vacías, me planté en la parada de la ruta que me llevaría al centro de la capital con mis $5 pesos en la mano, cómo aquél que lleva en la mano la llave de su felicidad.

El viaje se hizo muy rápido en mi percepción del tiempo y el espacio, esto a raíz de que mi cerebro insistía en buscar un argumento válido para la separación de Niurka y Bobby Larios y por más que busqué una razón, no pude entender por qué la vida es así a veces. "En la parada, por favor" atiné a decir cuando noté que ya estaba una cuadra adelante de mi objetivo, el chofer, para variar no escuchó por los altos decibeles de su estéreo Sony Xplod con un disco pirata en MP3 de éxitos de los Kumbia Kings y me bajó donde quiso  Empecé a vagar sin rumbo fijo, parecía que algo etéreo, más allá de lo físico, me indicaba un camino virtual con la promesa de encontrar un tesoro carnal anhelado toda mi vida. Tras mucho avanzar, llegué a un Oxxo, me detuve asombrado y observé sobre el cristal: las dos cajas funcionaban, los cajeros tenían una sonrisa angelical, no se percibía la pobreza en sus rostros, ni siquiera insistían en el redondeo; en ese momento me di cuenta que algo muy especial estaba por suceder.

Mi capacidad de asombro estaba bastante alterada ya, después de un par de cuadras más, llegué al éxtasis de emociones de esa noche inolvidable: a pocos metros, recargada en una pared que simulaba fundirse con su vestido miniatura, ella. Piernas largas, torneadas, unos senos que reflejaban firmeza a kilómetros, cabellera rubia, casi dorada, unos labios que invitaban a besar al tiempo que exhalaban el humo de un cigarrillo. Me acerqué cual burócrata ante una feria de crédito en Elektra, fascinado, con una sonrisa que no ocultaba mi deseo por abordarla, seducirla, incluso sacarla de trabajar. La vida me hacía justicia, mi corazón volvía a latir después de la decepción con la Mary, que me dejó por un vendedor de Bimbo porque le regalaba los panes a punto de caducar y la hacía feliz llevándola a pasear con el camión de la empresa, sensación que nunca se igualaría a las vueltas que daba en mi triciclo marca Hércules  Llegué a su lado, me vio con esos ojos claros que simulaban un oasis en pleno desierto de Chihuahua, me regaló una sonrisa y me dijo con una voz que en ese momento no me pareció tan grave: ¿A dónde guapo? ¿Nos quitamos el frío? ¿Te gustaría darme por detrás?

Sonreí como idiota, le contesté con las mejores frases para ligar: ¿Cuánto? ¿Tienes condones? ¿Incluye oral? a lo que ella sólo contestó de forma positiva. Me dí cuenta de que era todo un Dandy chiapaneco; la tomé de la mano y caminamos a un hotel cercano, barato pero con tres canales porno en una tele de 14" y cama matrimonial. Llegué y empecé con un trabajo titánico: Hurgar en mi cartera para completar los $300.00 pesos que me cobró al entrar al cuarto, no contaba con el pago del hotel y tenía que guardar para el taxi de regreso. La fortuna estaba conmigo y encontré dinero en mi cartera imitación Mont Blanc, cuya existencia no recordaba (tardé en darme cuenta que era el pago del Infonavit que me había mandado a hacer mi mamá, pero en fin) Le pagué, sonrió y me desvestí, con los mismos nervios de la primera vez. Raramente no se quitaba la falda, pero cuando la atracción es demasiada, uno no se fija en pequeñeces. Comenzó por hacerme un sexo oral sólo comparable con las delicias de una taquería afuera del antro a las 4:00 de la mañana, acariciaba sus cabellos con la delicadeza propia del cazador que consiente a su victima antes del sacrificio. Su descomunal trabajo me provocó un grito: "YA PÁRALE QUE SI NO, ME VOY A VENIR Y NO TE LA VOY A METER" Se apartó de mi con delicadeza, apagó la luz y me susurró al oído: "Tú dedícate a  disfrutarlo" y me recostó en la cama en aquella burda oscuridad. Sentí claramente cuando tomó mi órgano sexual y lo introdujo a su cavidad trasera, previa lubricación con aceite de bebé, como marcan los cánones; comencé a caer en ese abismo de sensaciones (¡SI APRETABA WEYS!) con la satisfacción que sólo da el placer sexual.

Todo marchaba perfecto cuando la debacle vino a mí: Claramente pude sentir un pequeño saco escrotal rozar una de mis piernas, la sensación fue tan grande y desconcertante, casi como cuando supe que Lucero y Mijares tenían problemas maritales; me aparté con un rictus de miedo, susto, dolor, todo al mismo tiempo. Me vio y dijo: ¿Pues que esperabas? ¿O has visto alguna fodonga con un cuerpo como el mío? al tiempo de soltar una carcajada. Eran tantos sentimientos y palabras apedreando mi cabeza. Tomé mi ropa, me cambié como pude, sin decir palabra alguna, se retocó los labios y se veía en un diminuto espejo de bolsillo, mi más grande temor en ese momento, que la banda se enterara de mi faena. Salí azotando la puerta, sentía que los empleados del hotel murmuraban y reían a mis espaldas, tomé un taxi al salir, sin contestar aquella pregunta retórica que emitió el conductor pasadas unas cuantas cuadras: ¿Usted cómo ve, jefe? ¿Cree que el Peje ya no se va a lanzar en 6 años?

Llegué a mi barrio, entré a mi casa con el orgullo por los suelos, ni siquiera acepté el café con galletas de animalitos que mi mamá dispuso a darme, con el amor de madre que siempre me demuestra. Quería desconectarme de mi realidad. Bárbara, Bárbara, no era más que una falacia de las hormonas, una falsa ilusión que cargaría el resto de mi vida. La moraleja: Fernando Colunga y sus telenovelas, pueden ser la respuesta a muchos de nuestros errores nocturnos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Las putas: Seres de luz.

Como cada miércoles, me dirigí a un establecimiento cotidiano de la capital chiapaneca a una terapia motivacional que me permite olvidar mi pobreza y las lágrimas derramadas a raíz de los golpes de mi padre y su estúpida obsesión por hacerme usar la ropa interior femenina que él me lleva todas las noches a mi cuarto: El prostíbulo.

En el trámite normal, llegué, caminé, observé las nalgotas de las individuas, la ropa interior cachonda (te hallas cada prenda similar a las primeras máscaras del Santo que, bueno) verifiqué que el olor a fabuloso fuera "Fresca Lavanda" para tener el ambiente idóneo, busqué la novela del mediodía del canal de las estrellas en su viejo televisor (Tan necesaria a la hora de vestirme después del acto) y formulé las palabras mágicas que abren los caminos del placer en ese lugar: ¿Cuánto con dos posiciones y el oral? ¿Es lo menos?

Esta vez algo fue diferente: Al entablar el contacto con la puta, me respondió con la voz apagada, sin el mínimo deseo de estrujar mi cuerpo, mis impresionantes 13 centímetros de miembro e interactuar con mis fluidos corporales durante los 5 minutos de rigor (Sí, no soy nada precoz) al compás de alguna canción de la banda El Recodo; Por un momento, vi sus ojos y noté algo que nunca, en todos mis años y experiencias de todo tipo (PINCHE BÁRBARA RESULTÓ SER TRAVESTI, HIJO DE SU PUTA MADRE) había percibido: Tenían sentimientos.

Entré al pequeño cuarto, fui benévolo y solamente le dije: Te pago los 50 varos, pero no pienso hacerte la mujer más feliz del mundo a base de penetraciones, cuéntame qué te trajo hasta acá. Ella, sorprendida por ver a un apuesto hombre tener tan buen corazón, subió su falda, se colocó a la orilla de la cama, y empezó a contar:

"Todo inició hace 6 meses, Javier, mi novio, decidió pedirme la prueba de amor; Yo, enamorada ciegamente de él, compré la membresía de Socio Águila que nunca pudo tener con su sueldo de albañil, solamente recibí a cambio golpes, humillaciones y maltrato; a mis escasos 17 años no entendía el por qué de aquello, tardé en comprender que el se refería a mi virginidad, pero, ¿Cómo decirle que mi tío se metía todas las noches a mi cuarto a cambio de 3 caguamas para mi papá y traía aquello como moco de guajolote? Perdí su amor, perdí todo, el hambre, mi fiel acompañante de todos los días, volvió a violentar mi estomago la mañana siguiente, el poco dinero que había ahorrado lo gasté con tal de dar una demostración de cariño a Javier. Tiempo después, cuando todo parecía perdido, me encontré en aquella calle a la Lupe, mi amiga de la primaria, vestía buenas ropas, todo de Milano, traía maquillaje Jafra y el último perfume de Fuller; no soporté la duda y pregunté cómo tener ese estilo de vida tan desahogado; me explicó que con $100 de la renta del cuarto, dejando que me revisaran la vagina una vez a la semana y cubrir turnos de 12 horas al día, descansando los días de menstruación, podía ganar hasta mil al día, dada nuestra edad y firmeza de nuestras carnes, siempre y cuando accediera a los gustos del cliente. Inicié hace un mes, mi vida ha cambiado, dejamos de comer tortilla frías y ahora ya tenemos acceso a otros lujos, pagué los prestamos en Compartamos Banco de mi mamá, podemos ir a Elektra sin temor a no completar para el mini componente de mi hermanito para sus discos de Zoé y Café Tacvba, no me quejo, pero aún ahora, en cada cliente, en cada penetración de un hombre sudado, sucio, viejo o joven, lloro al pensar que tengo que usar mi cuerpo para sobrevivir, sin el amor de Javier, que suele gritarme "puta barata" cada vez que me ve, vendo placer a cambio de lágrimas, las peores, las que surgen de mi pecho cada noche al intentar dormir"

Salí consternado, recordé todas las experiencias (MENOS LA DE BÁRBARA, PINCHE PUTO, NO SE LE VEÍA EL PITO, NO LO SUPERO CARAJO) las eyaculaciones en cualquier parte del cuerpo que suelo aventarles, las nalgadas, los condones baratos de siempre. Toda esa felicidad a cambio de un sufrimiento que no se ve, de inmediato, me alejé del lugar con lágrimas en los ojos, sabiendo que nunca volveré a ser tan pendejo para preguntar sobre su vida cuando solo quiero coger por una lana. El equipo de "Pimpi Infrastructuchor an Asociatis" sigue en las calles para que usted, amable lector, pueda hacerse pendejo un rato en la oficina leyendo estas anécdotas de la vida real. Adiós, ya me llamó mi mamá, la sopa Nissin ya está servida en la mesa.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Los Poetuiteros. Esos extraños seres.

     Un día caluroso de esta semana, mientras compartía la charla en el semáforo con un compañero de trabajo y después de acariciarnos tiernamente nuestros glúteos,  me hizo una pregunta que causó desconcierto en mi persona: ¿Por qué Mejía Barón no metió a Hugo Sánchez en aquél partido del mundial de USA ´94? lo que causó en mí un estado profundo de reflexión; todos sabemos que una cosa lleva a la otra y terminé buscando respuestas al por qué hay hombres a los que les gustan otros hombres, fenómeno que ha sido nombrado con diversos términos: gays, jotos, maricones, cachagranizos, priístas y en tiempos más recientes, poetuiteros.

     Según datos serios y concluyentes recabados por el equipo de investigaciones "Pimpi Infrastructuchor and asocietis" existen varias razones que marcan a estos seres desgraciados y los llevan a terminar así, las cuales pueden ser de 3 tipos: Familiares, ambiente social y factores del medio. Explicamos una a una:

Familiares: Los toqueteos de papá o del tío Raúl son motivos determinantes para la vida futura del niño, sin embargo, no es lo mismo un elocuente "Déjate jijo de la chingada, te va a doler pero te va a gustar" que un "Ahora, voy a conducirte por nuevos senderos y descubrirás el placer mediante el roce de nuestros cuerpos mientras callamos este oscuro secreto que sólo nos beneficia y estrecha nuestro lazo familiar" Generando un ambiente de confianza y dando certeza de que lo correcto es decir algo de forma muy mamona para agradar a los oídos de quién va a aceptar cualquier cosa de una forma muy pendeja.

Ambiente Social: Nunca faltan diversos tipos de amigos que marcan nuestra infancia y adolescencia, en el caso de estos desdichados, encontramos dos figuras fundamentales; el "Te voy a quebrar la madre si no haces lo que te digo" y "No les hagas caso, a mi también me pasó, pero te invito a jugar a la casita, todo estará bien" Estos generan una confusión notable en el futuro poetuitero: Por una parte, se ven obligados a chuparle el micropene al amiguito abusador, por otra, llega el jotito sin remedio que le dice que todo estará bien y que el culo tiene una sorprendente capacidad de recibir objetos que van desde un envase de desodorante en roll on hasta una botella de Coca Cola de 2 litros. El ying y el yang.

Factores del medio: El ambiente de crecimiento determina en gran medida el carácter, el nivel de homosexualidad y cuantos poetuits pueden generarse a la semana. Si creces con música de la banda "El Recodo" en el seno de una casa donde el papá golpea a la mamá y todos le van al América, lo más probable es que termines en un reclusorio por robo a casa habitación. En cambio, si el futuro poetuitero tiene una hermana que escucha todos los discos de Arjona, cuya mamá siempre está de fodonga esperando a que llegue el marido para mentarle la madre y reclamarle la vida que nunca tuvo y Santa Clos siempre se pasa de verga llevando cosas que no requieren esfuerzo físico para jugar (Incluyendo Jengas y esas mamadas) el niño entiende que hay que hacerla de pedo, con palabras elaboradas y no romperse las uñas en el intento.

     Es así como el equipo de investigaciones "Pimpi Infrastructuchor and asocietis" pretende sentar las bases para entender el comportamiento de estos enfermos, falta mucho que investigar, pero aún tengo que vender todas estas fragancias de Espinoza Paz para que mi Fullerette se moche con una lana y poder financiar las investigaciones. En nuestra próxima entrega, una breve radiografía de esos seres de luz que tanto nos alegran la vida y nos dan motivos para continuar: Las Putas.