Pimpirulo también está aquí

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lunes, 20 de mayo de 2013

Crónica de un fan.

Diciembre huele a fiesta, y si vives en Chiapas, sabes que es el mes de la Feria Chiapas en Tuxtla Gutiérrez, evento en el cual puedes ir a empolvarte los zapatos, tomar como decepcionado y cenar tacos de perro a precios por arriba de lo normal. No suelo acudir normalmente, pero eso cambió en el 2003, hace ya casi 10 años.

Me dirigía a la capital del estado, era inevitable no ver aquel espectacular de fondo negro que anunciaba la feria, los artistas del Palenque y los que vendrían a los masivos en los que era normal agarrar nalgas y apretujar viejas buenotas, todo era normal hasta que vi el artista que engalanaría el masivo el día 3 de diciembre: Bobby, Bobby Pulido, el mismo que era el dueño de mis portadas de todos aquellos discos que tenía justo al lado de la cama donde dormía con mis otros 7 hermanos y los cuales besaba cada noche antes de dormir. El shock fue súbito, inexorable, unas palabras golpearon mi mente con la misma fuerza con la que mi papá madreaba a mi mamá cada sábado: TENGO QUE ESTAR EN PRIMERA FILA.

Los días siguientes fueron desesperantes, la Vivi, mi novia de la cuadra me reprochaba mi indiferencia, solía decirme que parecía que estaba en la luna, ilusa, tan solo me sentía emocionado de saber que uniría mi voz a la de Bobby cuando este empezara a cantar... "Ya no pienso solo más que en ti, en todas las cosas, estás tú..."

El día llegó, a mi papá le adelantaron el aguinaldo y pude adquirir en Milano una camisa (con una tela no tan suave, no tan fina) que asemejaba a una que Bobby traía en el interior de su último disco, "Móntame", sabía que él percibiría ese detalle, unos pantalones vaqueros que conseguí en el puesto que doña Chelito (amiga de mi mamá) tenía en el mercado, en dos abonos, y unas botas que ya lustradas, daban el gatazo. Me dispuse a tomar el autobús que llevaba a la Feria, ¡Quería ser el primero en llegar!

Llegué y unas gatas se habían apoderado de los primeros lugares, "Pendejas, solo quieren verlo y no se saben todas sus canciones" me consolé a mi mismo. Tomé el mejor lugar posible y tuve que chutarme al grupo que abría el concierto. Mis nervios eran notorios, tenía ganas de orinar y las botas me habían sacado unas ampollas que parecían los ojos de Rihanna después de las madrizas de Chris Brown. Sí, el tiempo suele ser eterno cuando tu alma anhela algo.

El momento anhelado llegó, él, con unos jeans azules, una camisa roja y un sombrero que iluminaba su sonrisa, salió al escenario, el volumen de mis gritos sólo fue notorio cuando el wey de al lado me dijo "ya wey, no mames, pídele un poco de su semen para que te insemines", lo ignoré, no era momento para pequeñeces; el tan ansiado concierto, inició. Estuve coreando todas y cada una de sus canciones, sin errar, la multitud fue desplazándome cada vez más lejos de su figura y esos ojos que apenas lograba percibir. Al final, Bobby nunca pudo verme, se despidió cantando "El cazador", la rola que tanto me gustaba porque se la dediqué a mi ex, la Anahí, que estudiaba en el Conalep, eso logró aliviar un poco el dolor de mi corazón.

"¿Por qué tuvo que venir tanta gente que ni siquiera valora su música, por qué Bobby no vio todos mis esfuerzos y se tomó una foto a mi lado?" Me repetía en silencio mientras daba sorbos a mi cerveza en vaso de unicel al finalizar el concierto. Al final, sé que los ídolos se alimentan del deseo de sus fans, pero nosotros, los fans, sólo vivimos de la ilusión de un momento a la lejanía. La vida es así.

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